Seguridad

Tiny boxes for memories

Nunca crecerás. Al menos no ante mis ojos. No importa que tu carné diga que eres mayor de edad, siempre serás esa niña que coloreaba monstruos conmigo. Serás siempre esos ojos que sonreían detrás de las gafitas. La niña que se quejaba cuando le cepillaba el pelo. Tendrás que vivir con ello. Es tu destino de nacimiento, como el mío fue ser hackeado por ti.

Figura 1: Tiny boxes for memories
Hoy tienes dieciocho años, así que es el aniversario de mi hackeo. Es el día que te tuve en brazos por primera vez. Cuando sentí que el mundo cambiaba mis ejes de coordenadas. Vi la vida cambiar de foco y una lente cónica transformó mi visión. Sentí como tu ser se conectaba a mí a través de nuestro primer contacto piel con piel. Me convertí en un mutante. Se me modificó el ADN. Me quedé unido a ti para siempre. Eres un punto en mi GPS que siempre sé donde está, aunque sea a miles de kilómetros de mí. 

Figura 2: Momento del hackeo

Hoy en día te dejo volar con el viento. Un poco. Te veo jugar con él. Un poco. Eres una cometa que vuela, cada vez más alto, y con el enfado de un avaro que te quiere cerca, tengo que soltar hilo. Solo un poco. Con cuentagotas. No me gusta mucho, la verdad. Pero tengo que aceptarlo. Me siento como el Conde Drácula de la película Transilvania que tanta gracia nos hace. Vigilo cada movimiento que haces con disimulo esperando para ir a defenderte de lo que sea… pero sin que se note. Y si se nota, me da igual. Eres Mi Hacker.
La vida te espera. La tienes por delante. No será fácil. Nunca lo es. Es un viaje lleno de altibajos. De bienes y males. De aventuras, disfrutes, sufrimientos y anhelos. De expectativas por cumplir y de cosas que querrás que aún no sabes ni que existen. Es un viaje por terrenos que bien pueden ser peligrosos, o divertidos. Terrenos en los que tu papaete estará siempre a tu disposición. A una conexión de ti. A una llamada de ti. A un silbido de ti. A un suspiro de ti. A un latido de ti.
El verte crecer ha sido mi regalo. Uno que no esperaba tener cuando yo tenía tu edad. Se papaete ha sido mi premio en la vida. Has sido energía que me ha dado fuerza para levantarme de las caídas. Una razón para no rendirse. Una cura para la enfermedad. Una risa tuya es el Gran Premio de Mónaco. Un abrazo, ganar un Pwnie Award. Y tu alegría el gol de Iniesta. Es difícil explicar lo que vale para un papaete verte crecer y brillar. 
Pero también dueles. Tus penas son amplificadas dentro de mí. Estoy entrelazado cuánticamente contigo. Tu sufres, yo sufro más. Tu te alegras, yo me alegro más. Vivo con esta función de interferencia desde que naciste. Sabiendo que siempre viviré en un marco de referencia en el que tus emociones, tus problemas, tus éxitos, tus dolencias y tus avances declinan mi vida. Para que negarlo.
En el camino quedan los cuentos. El de «Cuando los dragones sueñan» que tanto te gustaba. Con su poesía, y sus dibujos. Con los amigos del Dragón Matías. Y todos los que me inventé para ti. Queda bajar al parque con dos cubos, dos palas y dos rastrillos para que hicieras amigas. Queda tumbarte en el cojín y llevarte botando por toda la casa como si estuvieras cabalgando un unicornio. Queda despedirme de ti cuando te ibas de casa con tu mochila y tu almohada porque te habías enfadado con cuatro años. Queda tu viaje al internado que resultó ser la casa de tu amiga ratona. 
La casa del Ratón Pérez que se hizo en tu puerta para venir a verte. Quedan tus primeras exhibiciones de patines. Tu disfraz de la Kalabaza de Pippa. Tu enfado por mandarte de campamento «que nunca ibas a perdonar«. Quedan tus lágrimas de bebé. Tus miedos a las pastillas. Las carreras a urgencias por las alergias. Las noches sin dormir por tus llantos. Salir de casa con el corazón encogido para irme al otro lado del mundo. Las llamadas del Dragón Matías mientras volaba conmigo.
También quedan las guerras por la hora de llegar. Las discusiones y las peleas contigo por ser adolescente rebelde. Luchar para que te portes bien. Queda el día en que te llevé para que te fueras en el tren a tu primer trabajo con dieciséis años. Nuestra primera conferencia juntos con doce años. El día de tu primer baile de exhibición del colegio. Tus besos cabezones que seguirás dándome. Tus infinitas peroratas para intentar colársela a tu papaete que no cuelan. Tú primer día montando en bicicleta. Tus llamadas para que te vaya a recoger. Llevarte a la selectividad, al médico o al fin del mundo. 
Todo eso se queda en la memoria como un tesoro. Metido en nuestra canción. Esa que tanto nos gusta cantar juntos. Pero ese tesoro solo son las raíces de lo que tienes por delante, que espero vivir de cerca. Todo lo que la vida nos deje. Incluso aunque viva en otro país. Aunque el día de tu cumpleaños tenga que llamarte desde miles de kilómetros para felicitarte. Porque sea lo que sea que venga, lo viviremos conectados.
Solo espero que tu vida te dé emociones, que sepas aceptar y superar lo malo, para disfrutar y luchar por lo bueno. Que sepas que el corazón vale más que el dinero, que cuidar a tu gente es el mejor regalo que uno puede recibir. Que los retos que tengas no se acaben, y que vivas siguiendo la dirección que lleva al sol, para que cuando los años te den la mirada de la experiencia sea llenada de luz.
Feliz cumpleaños, Mi Hacker.
¡Saludos Malignos!
Autor: Chema Alonso (Contactar con Chema Alonso)  

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Gustavo Genez

Informático de corazón y apasionado por la tecnología. La misión de este blog es llegar a los usuarios y profesionales con información y trucos acerca de la Seguridad Informática.