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MUJERES TIC: Esther Morales Pérez, directora de Desarrollo de Negocio de MIOTI

Esther Morales es la directora de desarrollo de negocio en MIOTI. Tras una transición orgánica desde la economía a la analítica de datos, Morales defiende la visibilidad de referentes y el propósito social para atraer mujeres a las carreras STEM. Además, destaca la inteligencia artificial y el pensamiento crítico humano como ejes del futuro laboral, apostando por la flexibilidad y la formación continua.

¿Cómo llegó al mundo TIC?

Llegué al mundo TIC de una forma bastante orgánica. Estudié Ciencias Económicas y Empresariales en la Universidad Autónoma de Madrid y, después, tuve una larga experiencia en el área comercial, muy pegada al cliente. En un momento dado me contratan en el Instituto de Ingeniería del Conocimiento, que está en la Universidad Autónoma, para cubrir una necesidad muy concreta: cerrar el gap entre la universidad y la empresa. Ahí es donde empiezo a ser ese punto intermedio entre equipos técnicos (que muchas veces transmitían a las empresas lo que podían hacer) y empresas que empezaban a verbalizar necesidades muy claras en analítica avanzada y datos. Y así es como entro de lleno en este mundo.

¿Qué es lo que más valora de su trabajo?

Lo que más valoro es el aprendizaje continuo. Trabajo en un área que evoluciona constantemente, y eso te obliga (para bien) a estar actualizándote todo el tiempo. Cada cliente tiene necesidades distintas, cada proyecto es diferente, y eso me mantiene siempre pensando cómo cubrir esas necesidades, cómo aportar valor y cómo seguir formándome. Me encanta porque siento que aprendo cada día.

En su opinión, ¿qué es lo que falla para que las mujeres no apuesten más por el estudio de carreras STEM?

Creo que hay una falsa creencia muy instalada: que estudiar STEM significa estar delante de un ordenador programando. Y hoy STEM es muchísimo más. A mí me parece que falta divulgación real sobre la variedad de proyectos y trabajos a los que puedes dedicarte con una formación STEM.

Además, creo que hace falta visibilizar más el propósito. Muchas mujeres tenemos una vocación de servicio muy marcada, y la tecnología también puede tener un propósito social enorme: sostenibilidad, análisis de datos para prevenir riesgos, predicciones de fenómenos naturales, estudios poblacionales… Todo eso está muy ligado a datos y tecnología.

Y luego, para mí, clave: referentes femeninos que cuenten su día a día. Qué estudiaron, dónde están, qué hacen exactamente y por qué su trabajo impacta.

¿Cree que existe el “techo de cristal” en las empresas TIC? ¿Cuál debería ser la solución?

A mí me gusta pensar que no hay techo de cristal, aunque sería ingenuo decir que no ha existido o que no hay ejemplos. Dicho esto, en TIC y en STEM hay una realidad, faltan mujeres, y por eso se nos busca.

Creo que parte de la solución es aumentar esa visibilidad de los puestos y animar a que más mujeres se postulen. Y también revisar cómo nos postulamos: muchas veces, si no cumplimos el 100% de lo que pone una descripción, directamente no lo intentamos. Yo creo que hay que abrir ese enfoque: postúlate igualmente, identifica qué te falta, fórmate y avanza. Cuantas más mujeres estemos en estos puestos, más natural será.

¿Una política de cuotas puede resolver el problema?

Creo que puede ayudar, pero con matices. Entiendo que una política de cuotas puede ser contraproducente si se percibe como “priorizar” a mujeres frente a hombres, porque al final la prioridad debería ser quién encaja mejor por capacidades y por perfil.

Ahora bien, también creo que, en un contexto donde hay escasez de mujeres y donde muchas no se postulan por esa autoexigencia, una medida así puede empujar y normalizar que haya mujeres en puestos de dirección. En ese sentido, sí puede funcionar como una forma de discriminación positiva que ayuda a crear hábito y a romper inercias.

¿Qué dificultades se encontró usted para llegar a la posición que tiene actualmente?

Sinceramente, no recuerdo una dificultad concreta que me haya marcado. Y si me he encontrado alguna, la he solventado. Yo soy muy partidaria de una idea: quédate donde te valoran y vete de donde no te valoran.

Si las dificultades son salvables (de capacitación, de organización, de aprendizaje) se trabajan y se superan. Pero si son barreras estructurales, de entorno, de cultura… yo creo que hay que levantar la mano. Y si levantas la mano y no te escuchan, ese no es tu sitio.

¿Qué es lo que más valora de su empresa con respecto a la integración de la mujer?

Valoro que, en mi empresa, la presencia de mujeres es alta, la mayor parte de cargos directivos en MIOTI está ostentada por mujeres, y eso se nota en el día a día. Y, sobre todo, valoro que nuestra CEO sea mujer y, además, sea un referente STEM real: dirige la empresa, está implicada en consultoría, en formación, en divulgación… y eso manda un mensaje muy potente.

Para mí es justo el ejemplo que necesitamos que más mujeres vean: puedes hacer una carrera STEM, llegar a dirigir una empresa y, además, hacer lo que te gusta.

¿Cómo compatibiliza su vida laboral con la personal? ¿Tiene su empresa planes para poder compatibilizar ambas?

Creo que una de las cosas positivas que nos trajo el COVID es que aprendimos a teletrabajar y entendimos que la presencialidad no tiene por qué exigirse al 100%. A mí me gusta también el trabajo presencial, compartir con el equipo es enriquecedor, pero la flexibilidad ayuda muchísimo.

En MIOTI hay flexibilidad y para mí, la clave es la organización. Si mi vida personal me requiere en momentos puntuales, tengo que ser responsable y compensarlo con mi vida profesional en otro momento. Al final, esto se sostiene con compromiso.

¿Qué cree que hay que mejorar en general para que se pueda compatibilizar mejor la vida privada o personal? ¿Es un problema de las empresas, de las relaciones de pareja o de uno mismo?

Aquí hay una palabra que para mí lo explica casi todo: confianza. Tiene que haber confianza entre empresa y trabajador. La empresa tiene que confiar en que el trabajador va a responder y cumplir objetivos, y el trabajador tiene que ser responsable con esa flexibilidad. No se trata solo de cumplir horas, se trata de cumplir objetivos. Habrá días en los que puedas cerrar antes, y otros en los que tendrás que dedicar más tiempo.

Y en la parte personal, si hablamos de pareja, hace falta corresponsabilidad real. No diría un 50/50 rígido, porque hay momentos en los que uno está al 60 y el otro al 40. Pero sí tiene que haber un compromiso de apoyarse para que ambos puedan desarrollarse profesionalmente.

Un 35% de alumnos no logra ni acabar el bachillerato ni la FP equivalente, ¿está en la educación el problema de la falta de perfiles especializados?

Creo que sí, en parte. Yo tengo dos hijos, uno empezando la carrera y otra en bachillerato, y veo muy claro que falta visibilidad de la vida real. Los estudiantes pasan de asignaturas muy teóricas a tener que decidir “qué quieren ser” siendo muy jóvenes, sin conocer el día a día de las profesiones.

Para mí hay una brecha enorme entre estudio y vida profesional. Deberían ir más profesionales a los colegios a explicar qué hacen realmente, es decir, qué significa ser abogado, psicólogo, trabajar en una empresa, en recursos humanos, en clínica… cuáles son las salidas, cómo es el trabajo. Mucha gente elige sin saber y, por eso, abandona.

¿Le han servido los estudios que hizo para realizar su labor actual?

Sí. Aunque cuando estudias todo es muy académico y a veces falta ese contacto con la realidad, a mí la carrera me ha servido. Yo estudié Empresariales, acabé creando una empresa, y es una formación muy versátil porque te da visión general: contabilidad, finanzas, marketing, ventas… Entender cómo funciona una empresa te sirve tanto si montas una como si trabajas en ella.

Y, aun así, siempre digo lo mismo, la carrera es la punta del iceberg. Hay que seguir formándose.

Solucione el problema de la educación en España…

Si tuviera que resumirlo, diría: más conexión con la realidad profesional. Hay que ir más allá del nombre de las carreras y explicar qué salidas reales tienen. Me gustaría ver más profesionales entrando en las aulas para contar cómo es su trabajo, cómo se ejerce, qué exige, qué horarios tiene, si tienes que seguir formándote…

Y también creo que ayudaría que los estudios estuvieran más ligados a la empresa y fueran más prácticos, para que el alumno no vea la universidad como una meta en sí misma, sino como un camino hacia algo tangible.

Si tuviera que aconsejar a un joven qué estudiar de cara a obtener un futuro laboral estable, ¿por dónde le orientaría?

Le diría que, haga lo que haga, no puede quedarse atrás en tecnología e inteligencia artificial. Estudie lo que estudie, eso va a estar ahí. Y, dentro de sus habilidades y su vocación, intentaría orientarle hacia carreras que vayan a ser compatibles con la IA, que tengan recorrido y que se puedan complementar con tecnología.

Además, creo que las carreras de humanidades van a tener un papel importante: filosofía, lingüística, todo lo relacionado con el lenguaje y el punto humanista que necesitamos en la IA. Me parece clave buscar esa combinación.

Y también le diría algo importante: puedes estudiar una cosa y acabar en otra. La carrera no te encierra. La vida laboral te permite reinventarte. Yo he visto casos muy cercanos, desde perfiles de deporte, hasta un fisioterapeuta que se formó y acabó trabajando en Data Science. Eso existe y va a ir a más.

¿Hacia dónde cree que va el sector TIC? En su opinión, ¿cuáles van a ser las tendencias que realmente van a transformar la sociedad?

Creo que ya lo estamos viendo, la inteligencia artificial se ha democratizado. La usan empresas tecnológicas de forma muy avanzada, pero también la usa cualquier persona en su día a día. El sector TIC va hacia un desarrollo cada vez más amplio de la IA.

Y, además, veremos avances muy relevantes en computación cuántica, y en general una tecnología cada vez más accesible, donde la barrera de entrada sea cada vez menor y esté al alcance de todos.

IA, automatización, robótica, ¿de verdad cree que el futuro pasa por las personas?

Sí, lo creo. Y lo creo porque, aunque automaticemos procesos y creemos robots para tareas, los humanos seguimos siendo necesarios para algo esencial, el pensamiento crítico. Una máquina puede ejecutar mejor tareas repetitivas, no se cansa, lo hace más rápido… pero necesitamos personas para evaluar resultados, entender contexto, tomar decisiones y aportar criterio.

Para mí, la tecnología va a sustituir tareas tediosas, pero el valor diferencial seguirá estando en lo humano: criterio, creatividad, ética y capacidad de interpretar lo que una máquina produce.

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Gustavo Genez

Informático de corazón y apasionado por la tecnología. La misión de este blog es llegar a los usuarios y profesionales con información y trucos acerca de la Seguridad Informática.