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De experimentación a la integración: Cómo la inteligencia artificial es una más de la organización

Del mismo modo que ha ocurrido con innumerables innovaciones, avances tecnológicos e incluso descubrimientos que ahora forman parte de nuestro día a día, cuando llega una nueva herramienta o invención solemos observarla con cierto recelo, desde el desconocimiento e incluso desde el temor. Hoy, la inteligencia artificial no es una excepción.

En apenas unos años, la IA ha pasado de percibirse como una tecnología o un experimento a convertirse en una de las grandes prioridades estratégicas para las organizaciones. Sin embargo, más allá del entusiasmo y de la proliferación de proyectos piloto, muchas compañías siguen encontrando dificultades para transformar realmente sus procesos y escalar el valor de la IA dentro de sus estructuras. Y eso que, según el estudio Engineering Pulse 2026 de Capgemini, el 71% de los líderes de ingeniería considera que la IA podría ser transformadora en apenas tres años. Las expectativas son altas, pero, ¿qué está fallando entonces?

Tal vez el problema no es la IA en sí, sino la forma en la que las organizaciones intentan incorporarla. En muchos casos, la IA sigue utilizándose desde un “rinconcito”: se desarrollan pilotos concretos, en entornos controlados y para casos de uso muy específicos, que efectivamente funcionan. No obstante, cuando se intenta integrar estos pilotos en la propia empresa y en procesos reales, es cuando la situación se vuelve más compleja. En este escenario, queda en evidencia la diferencia entre un uso aislado de la IA y una transformación organizativa a escala.

Está claro que la IA ha llegado para quedarse. Por eso, cuanto antes dejemos de entenderla como una herramienta aislada y empecemos a integrarla como una utility más dentro de la empresa, antes podremos aprovechar todo su potencial. Pasó con la llegada de Internet, del cloud o más recientemente el teletrabajo. O incluso del mismo modo que hoy entendemos la electricidad o el agua como intrínseco a nuestra cotidianidad, la IA debería evolucionar hacia una herramienta accesible, segura y transversal, y hacerla parte del tejido operativo de la empresa. Así, más allá de generar mejoras aisladas, podrá convertirse en una palanca real de transformación.

Existe el objetivo común de avanzar hacia dicha transformación, rediseñar desde los procesos hasta la arquitectura empresarial pasando por la cultura y la forma en la que las propias personas trabajan e interactúan con la tecnología. A veces se intenta escalar la IA sin haber resuelto antes cuestiones clave que pueden suponer una barrera: calidad, ciberseguridad, privacidad cumplimiento normativo, confianza, datos, implicación y preparación del equipo humano, así como la integración de nuevos modelos y agentes de IA con las tecnologías y sistemas IT ya existentes en la organización.

En entornos de ingeniería, además, esta complejidad se multiplica: los datos conviven en múltiples formatos y sistemas, mientras que las soluciones deben operar con altos niveles de precisión, seguridad y fiabilidad. Sin estas bases, la IA puede generar pilotos prometedores, pero difícilmente una transformación real y sostenible.

Una vez superadas estas barreras, es necesario entender que la IA dejará de ser una herramienta puntual para convertirse en una utility más dentro de la empresa, integrada de forma natural en los procesos y en el día a día de los equipos. El futuro de la ingeniería no pasa por una automatización completa, sino por modelos híbridos en los que personas e inteligencia artificial, así como otras tecnologías, colaboren de forma integrada. Los equipos humanos siguen y seguirán aportando criterio, supervisión, creatividad y capacidad de decisión. El valor no es reemplazar el conocimiento humano, sino hacerlo más ágil y escalable.

En el momento en que la IA deje de observarse como una tecnología “nueva” y pase a formar parte del funcionamiento de la empresa, comenzará la transformación. No se trata de utilizar cada vez más la IA, sino de alcanzar su integración y disponibilidad para que pueda aportar valor allí donde se necesite. De la misma manera que hoy abrimos el grifo y no nos preguntamos cómo llega el agua, las empresas terminarán utilizando la IA sin preocuparse por la infraestructura que la sostiene. Pero, para ello, se necesitan esas “tuberías”, es decir, datos, sistemas integrados, gobernanza, seguridad y una visión verdaderamente transversal de la tecnología.

Eva Cesteros, Directora General de Capgemini Engineering en España

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Gustavo Genez

Informático de corazón y apasionado por la tecnología. La misión de este blog es llegar a los usuarios y profesionales con información y trucos acerca de la Seguridad Informática.