Del agente local descontrolado al agente con identidad gobernada

Durante los últimos años hemos hablado mucho de cómo incorporar la inteligencia artificial a las empresas, pero la evolución hacia los agentes autónomos plantea un desafío diferente. Hoy, la IA sigue funcionando mayoritariamente como un asistente: responde preguntas, busca información, redacta documentos o ayuda a ejecutar determinadas tareas. El verdadero cambio reside en la transición del asistente al agente y cómo estos sistemas comienzan a actuar con mayor autonomía sobre la infraestructura corporativa.
En ese escenario, un agente puede acceder a repositorios, conectarse a servidores, consultar bases de datos, consumir APIs o ejecutar acciones en nombre de la organización. El problema es que el modelo actual no está pensado para ello. Muchos agentes se ejecutan en los propios equipos de los empleados y terminan utilizando sus mismas credenciales y permisos para acceder a aplicaciones, servidores, repositorios o servicios corporativos. Esto dificulta distinguir si una determinada acción la realizó directamente una persona o un agente que estaba operando con sus permisos.
Este modelo puede resultar manejable mientras hablamos de unos pocos asistentes, pero difícilmente es sostenible cuando cada empleado trabaja junto a varios agentes y las compañías tienen que administrar cientos o miles de nuevas identidades. Además, no todas poseen el mismo ciclo de vida: algunos agentes pueden existir durante años, mientras que otros se crean para ejecutar una tarea concreta y desaparecen después. En ambos casos, la organización necesita saber qué pueden hacer, a qué recursos pueden acceder y cuándo deben perder esos permisos.
Actualmente, existe una distancia importante entre la adopción de estos agentes y su gobierno. Según el informe Digital Trust Digest: The AI Identity Edition, de Keyfactor, el 86% de los profesionales de ciberseguridad encuestados considera que los agentes de IA y los sistemas autónomos no pueden ser plenamente fiables sin identidades digitales únicas y dinámicas. Sin embargo, todavía existe una brecha entre esta necesidad y los mecanismos de control implantados. Un estudio reciente revela que el 76% de las organizaciones no gobierna o supervisa completamente sus identidades no humanas, una categoría que incluye a los agentes de IA. Estos datos ponen de manifiesto la necesidad de reforzar la gestión de estas identidades para garantizar un uso seguro y controlado de los agentes de IA en las organizaciones.
La identidad digital como nueva capa de control
Del mismo modo que un empleado dispone de unas credenciales y unos permisos asociados a su función, un agente debería contar con una identidad diferenciada y gobernada. Esto implica asignarle capacidades concretas, modificar sus permisos y revocarlos cuando dejen de ser necesarios.
La criptografía ofrece una vía para construir este modelo de confianza. Frente al uso de claves de acceso, credenciales de larga duración o compartidas, cada agente puede disponer de una identidad criptográfica única cuyo ciclo de vida permanezca bajo el control de la organización. Las claves pueden estar custodiadas en una infraestructura protegida mientras el agente ejecuta únicamente las operaciones para las que está autorizado.
Este enfoque permite detener la actividad de un agente cuando presenta un comportamiento anómalo o bien ya no necesita mantener el mismo nivel de privilegios. Basta con revocar los permisos asociados a su identidad digital para bloquear nuevos accesos, sin necesidad de modificar las credenciales en cada sistema por separado.
Frente al uso de claves de acceso, credenciales de larga duración o compartidas, cada agente puede disponer de una identidad criptográfica única
La conversación sobre IA empresarial suele centrarse en qué tareas podrán automatizar los agentes o cuánto aumentarán la productividad. La siguiente etapa de adopción no debería consistir únicamente en desplegar más agentes, sino en dotarlos de identidades propias, permisos definidos y acciones trazables, manteniendo siempre la capacidad de revocar su actividad.
Porque cuando las máquinas empiezan a actuar en nombre de una organización, la identidad deja de ser únicamente una cuestión de acceso y se convierte en el nuevo perímetro de seguridad para construir confianza digital, control y responsabilidad.
Daniel Rodríguez, General Manager de Redtrust
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