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Perder la batalla del video costó 1,000 mdd: la historia de los formatos fallidos que sobreviven entre coleccionistas

Hubo una época en la que ver una película no consistía en abrir una aplicación y elegir entre cientos de títulos. Había que ir a una tienda, recorrer los estantes, encontrar una cinta disponible y, si era de alquiler, recordar devolverla a tiempo. Escuchar música también implicaba cargar un reproductor, cambiar discos o grabar canciones para crear una selección personal. En aquellos años, cada nuevo dispositivo parecía acercar a los consumidores al futuro . Las empresas prometían mejor calidad de imagen, sonido más limpio y nuevas formas de almacenar contenido. Sin embargo, algunas de esas innovaciones terminaron en cajas olvidadas, tiendas de segunda mano o colecciones privadas. Betamax, MiniDisc, LaserDisc y HD DVD comparten esa historia. Fueron tecnologías que buscaron transformar el entretenimiento , pero ninguna consiguió convertirse en el estándar dominante de su categoría. Algunas perdieron frente a competidores mejor posicionados; otras encontraron un público limitado o terminaron desplazadas por nuevas maneras de consumir contenido. Para Jorge Martínez, coleccionista de películas en VHS , juguetes, monedas y tecnología antigua, estos objetos representan mucho más que dispositivos que dejaron de utilizarse. Su interés por conservarlos nace de la nostalgia que despiertan y de la posibilidad de recuperar, a través de ellos, una parte de las experiencias y recuerdos de otras épocas.

Betamax, la tecnología que perdió frente al VHS


MiniDisc, el pequeño disco que no sobrevivió a la revolución digital

Detrás de esos dispositivos también existía un negocio millonario. De acuerdo con The Digital Entertainment Group (DEG), los consumidores estadounidenses gastaron 24,200 millones de dólares en la compra y alquiler de películas en DVD y VHS durante 2006, cuando la industria ya comenzaba a disputar el siguiente estándar de video doméstico. La competencia implicaba inversiones en investigación, fabricación, distribución y acuerdos con productoras. Ganar significaba colocar millones de reproductores y discos en los hogares; perder podía dejar fábricas, inventarios y tecnologías sin un mercado suficiente para recuperar los recursos destinados a su desarrollo. Sony presentó Betamax en 1975 con la intención de llevar la grabación de video a los hogares. El formato ofrecía una calidad de imagen competitiva y un sistema de casetes relativamente compacto, pero pronto encontró un rival que terminaría por desplazarlo: VHS, impulsado originalmente por JVC. Los primeros equipos Betamax tenían tiempos de grabación más limitados, mientras que VHS ofrecía una duración que resultaba especialmente atractiva para quienes querían grabar películas completas o varias horas de televisión. Además, el VHS consiguió el respaldo de numerosos fabricantes, lo que amplió la disponibilidad de equipos y contribuyó a reducir sus precios. Con el tiempo también obtuvo una mayor presencia en los videoclubes. Betamax perdió esa batalla, pero no desapareció inmediatamente. Sony comercializó millones de equipos durante décadas y mantuvo la producción de videocaseteras hasta 2002. Las cintas continuaron en fabricación durante varios años más, hasta que la compañía anunció su retirada definitiva en 2015. “VHS todavía encuentras bastante, sobre todo en los tianguis, pero Betamax ya es más complicado. Creo que parte de lo emocionante de coleccionar es eso, nunca sabes qué vas a encontrar”, dice Martínez En 1992, Sony presentó MiniDisc, un formato que buscaba combinar la portabilidad de los casetes con algunas ventajas de los discos digitales. Los pequeños discos estaban protegidos por una carcasa de plástico y podían utilizarse en reproductores portátiles. Sus versiones regrabables permitían borrar canciones, reorganizar pistas y crear compilaciones personales sin recurrir a una cinta magnética convencional.


LaserDisc, películas enormes para una experiencia de cine en casa


HD DVD: una batalla que costó más de 1,000 millones de dólares

Sin embargo, el formato enfrentó obstáculos importantes. Los equipos y discos podían resultar costosos frente a otras alternativas, mientras que el CD ya tenía una presencia consolidada en el mercado. La llegada de los archivos MP3, los reproductores digitales y posteriormente los teléfonos inteligentes redujo el atractivo de cargar discos individuales. La música dejó de depender de un soporte físico y comenzó a almacenarse en dispositivos cada vez más pequeños. Sony mantuvo el formato durante años, incluso con nuevas versiones como Hi-MD, pero finalmente dejó de fabricar reproductores MiniDisc en 2013. Mucho antes del Blu-ray, existió un formato que prometía llevar una experiencia audiovisual de mayor calidad a los hogares, aunque para conseguirlo había que reservar bastante espacio. LaserDisc llegó comercialmente al mercado estadounidense en 1978, mientras que en México se comercializó hasta los años 90. Sus discos, de aproximadamente 30 centímetros de diámetro, tenían un tamaño parecido al de los vinilos y requerían reproductores especiales. “LaserDisc casi no me ha tocado verlo. De repente encuentras VHS o algún aparato viejo, pero hay formatos que son mucho más raros. Al menos en los tianguis que yo visito, no es algo que aparezca seguido”, comenta Martínez. A diferencia de las cintas VHS, LaserDisc utilizaba un sistema de lectura óptica que permitía acceder al contenido sin el desgaste mecánico característico de la reproducción de una cinta. El formato ofrecía ventajas de imagen y sonido, además de funciones como la selección de escenas en determinadas ediciones. Sin embargo, su precio y sus dimensiones dificultaron la adopción masiva. Los reproductores representaban una inversión considerable y los discos eran menos prácticos que las cintas convencionales. LaserDisc encontró un público entre entusiastas del cine y aficionados a la calidad audiovisual, pero nunca alcanzó la popularidad del VHS. La posterior expansión del DVD, más pequeño y accesible, terminó por reducir todavía más su mercado. A mediados de la década de los 2000, la industria del entretenimiento enfrentó una nueva disputa. Los televisores de alta definición comenzaron a ganar presencia en los hogares y el DVD tradicional ya no parecía suficiente para aprovechar todas sus capacidades.


De tecnologías desplazadas a objetos de colección


Dos tecnologías buscaron convertirse en su sucesora: Blu-ray, respaldada por Sony y otras compañías, y HD DVD, impulsada principalmente por Toshiba. Ambas prometían películas con mayor resolución y mejor experiencia audiovisual. Para los consumidores, sin embargo, significaban una decisión complicada: comprar un reproductor sin saber si seguirían disponibles las películas compatibles con él. El conflicto involucró a fabricantes de electrónica, estudios cinematográficos, distribuidores y grandes cadenas comerciales. El respaldo de Hollywood resultó decisivo, porque un reproductor difícilmente podía prosperar si los consumidores no encontraban sus películas favoritas en ese formato. La disputa terminó en febrero de 2008, cuando Toshiba anunció que abandonaría el desarrollo, fabricación y comercialización de reproductores HD DVD. De acuerdo con los resultados oficiales de Toshiba correspondientes al ejercicio fiscal 2007, la compañía registró pérdidas por 108,500 millones de yenes relacionadas con su negocio HD DVD, equivalentes aproximadamente a 1,000 millones de dólares al tipo de cambio de la época. De esa cantidad, 60,200 millones de yenes correspondieron a pérdidas operativas y otros 48,300 millones a los costos asociados con la retirada del negocio. Blu-ray ganó la disputa, aunque años después también enfrentaría una transformación del mercado. El crecimiento de las plataformas de streaming modificó nuevamente los hábitos de consumo y redujo la necesidad de comprar películas en discos. “Lo que más fácil encuentras son películas en DVD, de esas todavía hay muchísimas en tiendas de segunda manos, mercados, tianguis e internet. Yo creo que es porque es un formato más reciente y mucha gente todavía las tiene guardadas o ya se quiere deshacer de ellas”, comenta Martínez. En una época en la que las canciones, fotografías y películas suelen almacenarse en servicios digitales, conservar un disco o una cinta puede parecer innecesario. Sin embargo, para algunos aficionados, precisamente ahí reside parte de su atractivo. Un MiniDisc todavía permite grabar una selección musical propia. Una cinta Betamax puede conservar una película o una transmisión televisiva de otra época. Un LaserDisc ofrece una portada de gran formato que también funciona como objeto de exhibición, mientras que HD DVD representa una de las últimas grandes disputas entre formatos físicos de video. Estos dispositivos forman parte de un mercado especializado de segunda mano, donde su precio depende de factores como el estado de conservación, el funcionamiento del reproductor, la disponibilidad de accesorios y la rareza de determinadas ediciones. Plataformas como eBay permiten localizar algunos de estos artículos y observar la actividad de vendedores y coleccionistas. De acuerdo con Discogs, plataforma especializada en coleccionismo musical, durante 2025 sus usuarios incorporaron 114.2 millones de artículos a sus colecciones personales, casi 8% más que el año anterior. La cifra representó un récord para la plataforma y elevó a más de 920 millones el número de artículos registrados en las colecciones de sus usuarios.


Además, Según el Recommerce Report 2026 de eBay, elaborado a partir de encuestas a más de 10,500 consumidores y 1,700 vendedores de distintos países, 27% de los vendedores consultados comercializa artículos de electrónica y computación, mientras que 31% ofrece coleccionables y objetos de recuerdo. Aunque estas estadísticas no permiten establecer cuánto valen específicamente Betamax, MiniDisc, LaserDisc y HD DVD en el mercado actual, muestran que existe actividad comercial alrededor de los objetos físicos, los dispositivos usados y el coleccionismo. “A mí me gusta tener las cosas físicas. No es lo mismo ver una película en una plataforma que tener la caja, sacar la cinta y ponerla en el reproductor. Es parte de lo que uno recuerda de cuando era más chico”, asegura Martínez. En México, dice Martínez, para quienes coleccionan tecnología antigua, los tianguis se convirtieron en una especie de refugio para encontrar objetos que desaparecieron de los aparadores hace décadas. Entre montones de películas, juguetes, monedas y aparatos electrónicos, todavía es posible descubrir piezas que alguna vez representaron lo último en entretenimiento. El coleccionista explica que encontrar cintas Betamax resulta cada vez más complicado. Sin embargo, considera que los tianguis y Facebook Marketplace son dos de las mejores alternativas para conseguir estos artículos. De acuerdo con su experiencia, en los puestos de chácharas todavía es posible encontrar películas en VHS por 50 o 100 pesos, mientras que en plataformas de venta por internet los precios pueden duplicarse o aumentar todavía más cuando se trata de títulos cotizados o ediciones especialmente buscadas. La diferencia, señala, radica en el tipo de vendedor. Mientras que en los tianguis algunos comerciantes ofrecen estos objetos como artículos usados, en internet es común encontrar vendedores especializados que conocen su atractivo para los coleccionistas y fijan precios más elevados. Para él, parte del encanto de coleccionar tecnología antigua también está en la búsqueda: recorrer puestos, revisar cajas y encontrar objetos que otras personas dejaron atrás, pero que todavía conservan valor para quienes crecieron con ellos.

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Gustavo Genez

Informático de corazón y apasionado por la tecnología. La misión de este blog es llegar a los usuarios y profesionales con información y trucos acerca de la Seguridad Informática.