De los likes al “aura”: así cambia la forma de medir el estatus en internet
Una entrada espectacular puede valer +1,000 de aura ; tropezarse frente a alguien, -5,000. Tener pocos seguidores no impide tener aura y ser famoso tampoco evita perderla en segundos. Incluso el Cambridge Dictionary ya reconoce aura farming como una expresión de slang y la define como la actividad de hacer cosas con la intención de mostrar una personalidad que otras personas consideran atractiva e interesante, especialmente en redes sociales.
“Farmear aura” es un término que se ha vuelto popular entre los jóvenes para traducir el carisma, la seguridad y la capacidad de llamar la atención a una lógica que internet conoce bastante bien: la de acumular puntos. El término también proviene de farming, utilizado en los videojuegos para describir acciones que permiten acumular recursos, experiencia, objetos o puntos. La cultura digital trasladó esa lógica a la personalidad, si en un videojuego puedes acumular experiencia, también puedes acumular “aura”. La expresión comenzó a popularizarse alrededor de 2024 en comunidades de internet vinculadas con videojuegos, anime y memes, pero alcanzó una dimensión global en 2025 cuando se viralizó un video de Rayyan Arkan Dikha, un niño indonesio de 11 años, bailando con actitud serena sobre la proa de una embarcación durante una carrera tradicional de Pacu Jalur, en Riau, Indonesia. Su baile fue bautizado en redes como “aura farming” y rápidamente fue imitado por usuarios, deportistas y celebridades de distintos países. El video de Dikha se convirtió en un fenómeno internacional y, de acuerdo con el gobierno regional de Riau, uno de los videos de la competencia superó los 58 millones de reproducciones y 1.6 millones de likes para agosto de 2025. Lo que empezó como un chiste ahora plantea una cuestión más amplia: ¿qué ocurre cuando las métricas con las que las redes comenzaron a definir la popularidad empiezan a trasladarse a la manera en que los jóvenes perciben su propia identidad y la de los demás? Como plantea el comunicólogo Rodrigo Pujol Del Toro en su análisis sobre el fenómeno, el algoritmo no siempre necesita una explicación; necesita una imagen reconocible, reproducible y susceptible de convertirse en meme. El baile de Dikha reunió justamente esas características: una tradición local terminó convertida en un lenguaje visual que usuarios de distintos países pudieron reconocer, reproducir y transformar. El video fue remezclado, musicalizado y replicado hasta convertirse en uno de los ejemplos más reconocibles del fenómeno.
Del algoritmo a la vida real
Pujol señala que farmear aura parece hablar de aparentar, pero también habla de autenticidad. Una persona puede estudiar deliberadamente su pose, ropa, música, expresión facial o manera de caminar para proyectar determinada imagen; sin embargo, cuanto más evidente sea el esfuerzo, mayor es la posibilidad de que la comunidad considere que está “intentando demasiado”. Cambridge Dictionary también advierte que hacer aura farming deliberadamente en la vida real puede provocar burlas o ser considerado «cringe» (generar pena ajena). La paradoja, de acuerdo con el análisis de Pujol, es que el estatus se obtiene cuando parece que la persona no estaba intentando conseguirlo. Para Pujol, esta dinámica forma parte de un cambio más amplio en la manera en que las personas construyen y representan su identidad en internet. Durante años, las plataformas acostumbraron a sus usuarios a cuantificar la popularidad mediante seguidores, likes, comentarios, reproducciones y contenidos compartidos. El concepto de “aura” traslada esa lógica a algo bstracto como la impresión que una persona produce sobre los demás. “Es una economía simbólica convertida en meme”, señala Pujol. No se trata de que los puntos existan realmente ni de que un adolescente lleve una contabilidad de su “aura”. El lenguaje funciona mediante la ironía: una acción espectacular puede sumar miles de puntos imaginarios y una situación vergonzosa puede hacer que alguien “pierda toda su aura”. Durante 2026, la dinámica comenzó a salir de las pantallas. En distintos lugares de América Latina comenzaron a circular las llamadas “batallas de aura”, encuentros en los que jóvenes utilizan poses, movimientos, gestos y actitudes para competir simbólicamente por quién proyecta mayor presencia frente a los demás. El salto resulta relevante porque una expresión que comenzó utilizándose para describir videos y memes ahora también funciona como una actividad presencial. Lo que comenzó como una forma de describir un video terminó convirtiéndose en una actividad social que puede ser presencial, competitiva y participativa.
Para Pujol, esto revela una evolución de los códigos digitales, en los que internet está llevando nuevamente sus propias formas de expresión a los espacios físicos. La transformación también ocurre en sentido contrario. Una experiencia presencial puede vivirse mientras, simultáneamente, se piensa en cómo se verá convertida en contenido. El comunicólogo señala que las generaciones que crecieron rodeadas de interfaces, videojuegos, memes, influencers, streamers y algoritmos tienen una frontera más porosa entre la experiencia y su representación digital. Un adolescente puede pensar al mismo tiempo en cómo está viviendo una experiencia y en cómo esa experiencia podría verse en un video. La diferencia con las métricas tradicionales es que el “aura” ni siquiera necesita un contador real. El concepto convierte el carisma, la presencia o la reputación en una puntuación ficticia que la comunidad entiende sin necesidad de consultar una cifra. Una persona puede tener pocos seguidores y ser considerada alguien con “aura”; otra puede ser famosa y perderla después de un momento incómodo. Así, el fenómeno desplaza la conversación desde cuánta audiencia tiene una persona hacia qué impresión consigue producir. Pujol plantea que detrás del fenómeno existe una necesidad humana de ser vistos, reconocidos, admirados y recordados. Lo que cambió es el lenguaje utilizado para expresar esa búsqueda.
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