Cómo aplicar la IA en la estrategia empresarial
Para analizar como aplicar la IA, Byte TI, junto con Samsung, H&K y LinkRoad, organizó un encuentro en Barcelona que contó con la participación de Marc Paus, deputy director IT en IESE Business School; Joan Codina, director de Tecnología en Fundació Salut i Comunitat; Víctor Cuervo, head of Architecture en Banc Sabadell; Enrique Martín, director de ventas y desarrollo de negocio en grandes empresas y administraciones de Samsung; Xavier Altafulla, director de sistemas y tecnología del Museu Nacional d’Art de Catalunya; Lucas Viladomi, Data AI Transformation Manager de H&K; Andrés Barreda, CIO de Encuentro Moda; Isidro Sánchez, IT Manager de Jotun; Albert Sierra, CIO de Cámara de Comercio de Barcelona; Nacho Santillana, socio director de LinkRoad; y Jordi Francés, exCIO de Applus.
La inteligencia artificial ha dejado de ser una herramienta experimental para convertirse en un elemento estructural de la estrategia empresarial. Su adopción ya no se limita a proyectos piloto o a iniciativas aisladas de innovación, sino que empieza a influir en la forma en que las organizaciones diseñan procesos, toman decisiones, gestionan el talento y se relacionan con sus clientes.
Varios de los asistentes coincidieron en que la IA avanza con rapidez, pero que su éxito depende menos del despliegue tecnológico que de la calidad del dato, de la cultura interna y de la capacidad de las empresas para definir con claridad qué problema quieren resolver. También coincidieron en que la adopción debe hacerse con criterio: no todo caso de uso aporta valor, no toda automatización mejora la eficiencia y no toda respuesta generada por un sistema inteligente merece ser aceptada sin supervisión. En ese equilibrio entre ambición y prudencia se está jugando buena parte del futuro de la transformación digital.

En varias de las intervenciones apareció la idea de que la IA ya ocupa un lugar central en los planes corporativos, aunque cada empresa la está incorporando con una lógica distinta. Por ejemplo, Marc Paus, deputy director IT en IESE Business School explicó que “la palabra más repetida en el plan estratégico 2026-2029 es IA”. Afirmó que la institución la contempla en dos dimensiones: “por un lado, como herramienta interna para automatizar y mejorar procesos; por otro, como parte de la formación que ofrece al mercado”. Su visión, insistió, es la de una IA humana, con criterio y con límites. En otras palabras, no se trata solo de hacer más con menos, sino de decidir qué debe hacer una máquina y qué sigue exigiendo juicio profesional.
Enrique Martín, director de ventas y desarrollo de negocio en grandes empresas y administraciones de Samsung subrayó que la compañía ha pasado de la seguridad a la IA y que ya la está aplicando en toda la organización, incluso en los electrodomésticos. Tal y como expuso, “la discusión no gira únicamente en torno a la capacidad técnica, sino a cómo llevar esa inteligencia a los dispositivos de forma útil y sostenible. Ahí aparecen tres conceptos que se repitieron en la conversación: ahorro, privacidad y escalabilidad. La IA, para ser realmente estratégica, debe generar eficiencia sin comprometer la confianza ni disparar la complejidad operativa”.

Las empresas de servicios tecnológicos también están usando la IA como motor interno y como argumento comercial. Lucas Viladomi, Data AI Transformation Manager de H&K explicó que “H&K, una consultora especializada en desarrollo y mantenimiento de software que unificó data e IA en su estructura para liderar la transformación digital desde dentro”. Tal y como afirmó durante el encuentro, “una empresa que aspira a ayudar a otros a transformarse tiene que demostrar primero que sabe aplicar esa transformación en casa y eso es lo que hacemos nosotros”.
Por su parte, Nacho Santillana, por su parte, describió a LinkRoad como “un grupo internacional preparado para acompañar a grandes compañías en su evolución digital con soluciones en cloud, experiencia digital, SAP, Data-AI y cumplimiento normativo”.
Casos de uso reales
El valor de la IA aparece antes en las tareas concretas que en los grandes discursos corporativos. Joan Codina, director de Tecnología en Fundació Salut i Comunitat explicó que “en el área informática utilizamos la IA para montar un PC, ayudar con programación, crear contenidos o responder correos electrónicos”. También señaló que las herramientas que ya usan incorporan IA para diseñar un nuevo centro o resolver preguntas sobre cómo hacer algo que antes no sabían abordar. La lógica es sencilla: la inteligencia artificial se vuelve útil cuando reduce fricción, acelera decisiones o abre caminos que antes exigían demasiado tiempo.


En Banc Sabadell, Víctor Cuervo definió la IA como “una de las líneas básicas de transformación del banco”. Su impacto, dijo, “alcanza a casi todas las áreas: conversaciones con clientes, contact center, recursos humanos, desarrollo y ciberseguridad. Esa amplitud la convierte en una tecnología transversal, pero también obliga a ordenar prioridades. No basta con desplegar soluciones; hay que seleccionar dónde la IA produce una mejora medible y dónde solo añade ruido”.
En el ámbito cultural y público, Xavier Altafulla, director de sistemas y tecnología del Museu Nacional d’Art de Catalunya, introdujo una idea muy relevante: el equilibrio entre automatizar y no sobrecargar a los equipos de TI. Según explicó, “hay áreas donde la ganancia es mucho mayor que en otras, como el terreno legal, donde la IA puede ayudar notablemente en la redacción de textos jurídicos. Pero, para que el valor sea real, la organización debe formar a los usuarios y comprobar después que el uso que hacen de la herramienta es correcto. La fase decisiva no es la instalación, sino la adopción”.
Por su parte, Andrés Barreda, CIO de Encuentro Moda, resumió su enfoque con una fórmula muy visual: “IA first”. Con ella quiso decir que “antes de implantar una solución hay que preguntarse si aporta valor. En su organización, el primer caso de uso relevante está en el área de diseño, donde la IA ayuda a visualizar cómo quedará un estampado sobre una prenda”. El ejemplo ilustra bien una tendencia común en el tejido empresarial: la IA empieza a entrar en procesos creativos y de negocio, no solo en tareas administrativas.

Datos y confianza
La conversación dejó claro que no puede haber una estrategia seria de IA sin una base sólida de datos. Lucas Viladomi advirtió de que “muchas compañías intentan acelerar su entrada en inteligencia artificial sin haber resuelto antes cuestiones elementales como la calidad del dato, la seguridad o la estructura tecnológica”. Su tesis es que antes de poner una capa inteligente sobre un sistema hay que limpiar el terreno y entender en qué estado real se encuentra la organización. Sin esa preparación, la IA corre el riesgo de amplificar errores en lugar de resolverlos.
Jordi Francés, exCIO de Applus, fue todavía más directo: “Un programa de IA empieza con la digitalización del dato. Sin eso, la tecnología no funciona. Además, hay que recalcar que muchas empresas hablan de IA sin tener un caso de uso claro que justifique su aplicación. Yo creo que toda implementación debe responder a una lógica de rentabilidad, porque de lo contrario la iniciativa pierde sentido. La inteligencia artificial no puede sostenerse sobre la retórica; necesita métricas, propósito y resultados”.

La confianza es otro de los grandes retos. Nacho Santillana, socio director de LinkRoad, explicó que hoy existen herramientas para auditar el pensamiento de la IA y verificar qué está haciendo realmente el sistema. Santillana, advirtió de que “no todo lo que produce la máquina puede darse por bueno. A veces, las organizaciones validan respuestas sin analizarlas, aunque el ejemplo no sea trivial”. Víctor Cuervo reforzó esa idea al señalar que la IA hace interpretaciones y que esas interpretaciones deben vigilarse. Por su parte, Lucas Viladomi añadió que, en su empresa, cruzan dos puntos críticos antes de dar un resultado por válido.
Cambio cultural y productividad
El principal obstáculo ya no parece técnico, sino humano. Xavier Altafulla afirmó que “el reto más importante es la gestión del cambio, porque la IA obliga a trabajar con emociones, incentivos, carreras y expectativas. En muchas organizaciones, el verdadero debate no gira sobre la potencia del modelo, sino sobre el miedo de los equipos a quedar desplazados”.


Por su parte, Andrés Barreda señaló precisamente que uno de los problemas es la percepción de que la IA puede dejar sin trabajo a parte de la plantilla. Sin embargo, recordó que “antes ocurría lo contrario: faltaba automatización. El desafío actual consiste en explicar el propósito de la herramienta y alinear a la organización con ese objetivo”.
El CIO de la Cámara de Comercio de Barcelona, Albert Sierra, insistió en que la IA “debe entenderse como una palanca de aceleración y eficiencia, pero solo funcionará si va acompañada de cultura. En la Cámara de Comercio de Barcelona, hemos trabajado con la idea de “gobierno de la IA” del mismo modo que antes se hablaba de gobierno del dato. Para dinamizar su despliegue, incluso se ha identificado a una treintena de personas que la propia IA propuso como tractoras dentro de los departamentos. El objetivo no es solo automatizar tareas, sino redefinir qué hace la empresa con el tiempo que gana gracias a la automatización”.
Finalmente, Jordi Francés añadió una reflexión especialmente potente: la velocidad del cambio es tan alta que quien no se adapta se queda fuera. Lo comparó con revoluciones tecnológicas previas, desde la irrupción de internet hasta la expansión del iPhone, pero con una diferencia: “La IA está entrando más rápido y con un impacto más transversal. Esa aceleración obliga a las empresas a revisar su formación, sus procesos y, sobre todo, su manera de pensar. Porque la gran cuestión ya no es si la IA llegará, sino si las organizaciones sabrán integrarla con inteligencia antes de que la propia inercia les deje atrás”.
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