Cómo evitar dependencias y ganar flexibilidad al gestionar la nube
Vivimos tiempos en los que la mayoría de las organizaciones están centradas en implementar la IA en sus procesos de forma segura y fiable a gran escala. Pero gestionar la nube sigue siendo esencial. Las compañías han dejado de ver el cloud como una simple solución para reducir costes y han pasado a considerarla como la base primordial para el crecimiento, la competitividad y la adopción de nuevas tecnologías. Este cambio exige integrar las operaciones, la gestión de activos de TI y la gobernanza.
Así lo confirma el decimocuarto informe anual llevado a cabo por la compañía Flexera, titulado “2026 State of the Cloud Report”, que revela que el 84% de las organizaciones tienen dificultades para gestionar la nube en lo que se refiere al gasto, que es el principal desafío a la hora de adoptar un entorno cloud. Dado que se espera que el gasto en la nube aumente un 28 % a lo largo de este mismo año, los resultados del informe sugieren que muchas de las organizaciones se están replanteando sus estrategias de gestión.
El informe muestra que el éxito de gestionar la nube depende de una supervisión rigurosa, de la medición del valor y de una gobernanza proactiva de la IA. Estas son las capacidades que distinguen a las organizaciones maduras en la nube de aquellas que luchan por controlar los costes, los riesgos y la complejidad.
Factores clave en una estrategia de migración a cloud
La flexibilidad para gestionar la nube empieza mucho antes de migrar. Los expertos de las compañías participantes en el artículo coinciden en afirmar que no se trata de “moverlo todo” a la nube, sino de definir una estrategia alineada con negocio, arquitectura y operación.
Para Isabel Acedo, Head of Cloud Services Presales para Latinoamérica y Sur de Europa en HPE, el punto de partida son los objetivos empresariales: “Una estrategia sólida debe partir siempre de objetivos de negocio concretos y medibles, como ganar agilidad, reforzar la resiliencia o habilitar casos de uso de IA”. En esa línea, Alberto Pinedo, National Technology Officer de Microsoft en España, subraya que “no se trata solo de mover cargas de trabajo, sino de decidir qué modernizar, qué transformar y qué mantener”.
Otro aspecto clave gira en torno a analizar cada aplicación y cada dato antes de migrar. Julián Sanz, Especialista Cloud de Arsys Cloud Solutions, recuerda que “la migración no es el final del camino, sino el principio”, por lo que debe contemplarse desde el inicio cómo se administrará, securizará y optimizará el entorno cloud. Jaime Balañá, Director Técnico de NetApp para Iberia y LATAM, refuerza esa idea: “La clave no es moverlo todo a la nube, sino decidir qué cargas deben ir, cuándo y con qué modelo operativo”.
Los expertos señalan la necesidad de evitar dependencias tecnológicas desde el diseño. Balañá apuesta por arquitecturas híbridas y multicloud para poder mover cargas entre entornos sin rehacer infraestructuras, mientras Matias Sosa, Product Marketing Manager & Cloud Specialist de OVHcloud, destaca la importancia de “la interoperabilidad y la reversibilidad para no quedarnos atrapados por ningún bloqueo técnico ni económico”.
La gestión posterior también es decisiva. Según Sanz, una plataforma flexible exige operación continua, optimización y control de costes, mientras Acedo insiste en integrar gobierno, observabilidad y seguridad como base del modelo operativo. Además, cumplimiento normativo y soberanía del dato dejan de verse como limitaciones. Como señala Pinedo, abordarlos desde el diseño hace que “la adopción del cloud sea mucho más sólida y sostenible en el tiempo”.
Fallos habituales al gestionar la nube
Existe un error bastante común, según apuntan los expertos, y es pensar que migrar a la nube equivale, por sí solo, a modernizarse. Patricia Palud, Cloud Sales Specialist Lead & Business Development de Alhambra IT, advierte que “desplegar más rápido no implica necesariamente que la operación mejore” y que trasladar cargas sin revisar arquitectura o procesos suele derivar en ineficiencias, mayor complejidad y pérdida de control.

Ese enfoque excesivamente técnico, sin una visión estratégica y operativa, aparece como uno de los grandes errores. Balañá, de NetApp, coincide en señalar que muchas organizaciones abordan la migración “como un proyecto puramente técnico y no como una transformación operativa, financiera y de gobierno del dato”, lo que acaba generando problemas de costes, seguridad o recuperación del dato.
Otro error ampliamente compartido es el llamado “lift and shift” acrítico. Davide Altea, Group Chief Private & Public Cloud Officer de ReeVo, alerta de que “trasladar a la nube cargas no optimizadas lleva consigo ineficiencias y costes ocultos”. Aitor Jerez, Director Comercial de Sarenet, apunta en la misma dirección al señalar que muchas compañías migran aplicaciones “tal cual están”, sin revisar dependencias ni optimizarlas antes.
El riesgo de dependencia excesiva de un único proveedor también aparece como una preocupación transversal. Altea subraya que “subestimar el vendor lock-in y operar sin un plan de salida expone a renegociaciones desfavorables”, mientras Matias Sosa, de OVHcloud, alerta de que muchas organizaciones terminan atrapadas por bloqueos tecnológicos o económicos que dificultan evolucionar o controlar costes.
La falsa sensación de que el proveedor resuelve por defecto seguridad, continuidad o backup es otro fallo habitual. Jerez recuerda que “la responsabilidad es compartida” y que descuidar recuperación, protección del dato o gobierno del gasto suele traducirse en sorpresas operativas y financieras. En esa línea, Palud advierte además del riesgo de delegar en el proveedor decisiones estratégicas que deberían seguir bajo el control de la organización.
Más allá de la tecnología, los expertos revelan un problema menos visible: subestimar el factor humano. Altea recuerda que “la tecnología cloud no genera valor sin las competencias adecuadas en los equipos de TI”, y Jerez añade que migrar sin preparar a las personas o sin definir cómo se gestionará el entorno en el día a día genera ineficiencias a medio plazo.
Costes ocultos del salto de on-premise a cloud
Los costes ocultos suelen aparecer en cuatro frentes: movimiento de datos, sobredimensionamiento, duplicidad operativa y protección. Como afirma Balañá, “muchas organizaciones calculan bien el coste de cómputo inicial, pero infravaloran el impacto de la salida de datos, las copias adicionales, los entornos duplicados durante la transición, el almacenamiento premium innecesario, o el coste de mantener herramientas distintas para cada nube”.
No obstante, los expertos destacan que el principal problema no es tanto los “costes ocultos”, sino costes infraestimados o mal planificados desde el inicio. Una de las advertencias recurrentes es asumir que todo debe migrarse a nube pública. Julián Sanz, Especialista Cloud de Arsys Cloud Solutions, señala que “forzar la migración de determinadas cargas puede generar ineficiencias y sobrecostes evitables”, y defiende que el enfoque híbrido y multicloud permite ubicar cada carga donde resulta más eficiente técnica y económicamente.
Y es que el coste cloud va mucho más allá del consumo de infraestructura. Isabel Acedo, de HPE, recuerda que muchas organizaciones infraestiman partidas ligadas a conectividad, flujos de datos, observabilidad, ciberseguridad, respaldo o continuidad de negocio. Como resume, “estos elementos determinan el coste total y, sobre todo, la eficiencia del modelo”. Desde su perspectiva, incorporar prácticas FinOps y gobierno desde el diseño es clave para mantener visibilidad y control económico.
Otro foco de sobrecostes señalado es la falta de optimización operativa. Jaime Balañá apunta que muchas desviaciones aparecen por no automatizar o no aplicar políticas de eficiencia en almacenamiento, protección y movilidad del dato. En esa línea, los expertos coinciden en que costes como transferencia de datos, operaciones I/O, gestión 24/7 o sobredimensionamiento suelen aparecer una vez los entornos están en producción, si no se han previsto adecuadamente.
La flexibilidad para gestionar la nube empieza mucho antes de migrar
La conclusión compartida es que el riesgo no está en la nube en sí, sino en migrar sin una arquitectura adecuada, sin asesoramiento especializado y sin una gestión continua orientada a optimizar. Bien planteado, sostienen, el cloud no solo evita sobrecostes, sino que puede ofrecer un control financiero mucho más preciso que los modelos tradicionales.
Impacto en la productividad de equipos y departamentos
El cloud, cuando se adopta bien, elimina buena parte de las esperas de aprovisionamiento y de la carga operativa manual, y permite que los equipos dediquen más tiempo a innovación, fiabilidad, datos y seguridad. Así opina Isabel Acedo, que destaca que “en HPE lo vemos especialmente cuando las organizaciones habilitan una experiencia de nube consistente en todo su entorno híbrido, con autoservicio, automatización e infraestructura como código, pero también con gobierno, seguridad y observabilidad desde el diseño. En este ámbito, HPE Private Cloud Enterprise aporta una experiencia de nube totalmente gestionada en entorno privado, con acceso de autoservicio, APIs, control por roles e integración con herramientas de automatización e IaC, lo que ayuda a acortar el tiempo de acceso a recursos y a estandarizar la operación”.

Este impacto se amplifica cuando las organizaciones empiezan a incorporar inteligencia artificial. Según destaca Alberto Pinedo, “el cloud es el gran habilitador de la IA, y soluciones como Microsoft Copilot permiten automatizar tareas, mejorar la toma de decisiones y liberar tiempo para actividades de mayor valor. Eso sí, para que la productividad mejore de verdad, es imprescindible acompañar la tecnología con formación y un cambio cultural que ayude a los equipos a adoptar estas nuevas capacidades”.
Davide Altea de ReeVo señala: “el impacto en la productividad es real, pero no automático, ya que depende en gran medida de cómo se gestione la transición. A corto plazo es normal una fase de adaptación, con una disminución temporal de la productividad debido al aprendizaje de nuevas herramientas y procesos. Sin embargo, a medio y largo plazo, los beneficios son significativos: los equipos de TI se liberan de tareas de mantenimiento de infraestructura de bajo valor añadido y pueden centrarse en iniciativas estratégicas. Los departamentos de negocio ganan autonomía en el acceso a recursos y herramientas, reduciendo los tiempos de espera hacia TI.
Soluciones planteadas por las compañías
Frente a los riesgos de dependencia y complejidad, las soluciones que plantean los proveedores convergen en una idea común: más que apostar por herramientas aisladas, se trata de construir modelos híbridos gobernados, con visibilidad unificada y capacidad de operación sobre múltiples entornos. Plantean entornos operativos diseñados para dar a las organizaciones control, resiliencia y libertad de elección a largo plazo.
Isabel Acedo resume este enfoque al señalar que la propuesta pasa por “llevar una experiencia cloud unificada allí donde estén las aplicaciones, los datos y las operaciones, con un enfoque híbrido por diseño”. Sobre esa base, HPE combina plataforma, metodología y operación, integrando capacidades de observabilidad, automatización, orquestación y resiliencia para simplificar la gestión de entornos híbridos y multiproveedor.
Esa visión de acompañamiento integral también la comparte Sarenet. Aitor Jerez explica que “el objetivo es que el cliente no tenga que encajar piezas de distintos proveedores, sino que tenga un entorno coherente y gestionado”. Su propuesta combina infraestructura cloud, conectividad segura —con redes privadas, VPN o SD-WAN— y herramientas de monitorización para ofrecer no solo capacidad de cómputo, sino un entorno operativo completo.
La soberanía del dato y la seguridad aparecen como otro eje diferenciador. Davide Altea de ReeVo subraya que su modelo responde especialmente a organizaciones que buscan alternativas a los hiperescalares tradicionales: “Nuestro modelo híbrido permite mantener cargas críticas on-premise o en nubes privadas e integrar servicios públicos para las más elásticas”. A ello añade un portafolio de ciberseguridad gestionada, bajo la premisa de que “un cloud seguro no es una opción, es un prerrequisito”.
Desde Alhambra IT, Patricia Palud insiste en una visión similar centrada en gobierno unificado. Para la directiva, “no tiene mucho sentido abordar cloud como una suma de herramientas aisladas”, sino operar el entorno como un sistema completo, integrando capacidades como CloudOps, FinOps y SecOps con visibilidad continua sobre consumo, rendimiento y riesgo.
Retos de cumplimiento
En relación a aspectos de ciberseguridad y resiliencia, en Europa entran en juego marcos regulatorios cada vez más exigentes: NIS2 refuerza obligaciones de gestión de riesgos y reporting para entidades esenciales importantes y exige transposición nacional, mientras que en sector financiero DORA establece reglas uniformes de resiliencia operacional digital e incorpora un marco de supervisión para terceros TIC críticos, elevando el listón del third‑party risk.

Según afirma Carolina Mulero, Senior Software Engineering Manager de Wolters Kluwer Tax & Accounting España, “como proveedores de software cloud, nuestras soluciones deben alinearse con todos los marcos normativos como el Reglamento General de Protección de Datos (RGPD), las certificaciones ISO 27001, ISO 22301, el Esquema Nacional de Seguridad (ENS) y el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST), entre otros. Es por ello que debemos mantener un modelo de gobernanza sólido y llevar a cabo constantes auditorías, tanto internamente como con proveedores de servicios en el marco de una estrategia que se apoya en procedimientos y políticas que siguen los más altos estándares de seguridad”. Las soluciones de la compañía están muy vinculadas al cambio legislativo en los ámbitos fiscal, contable y laboral. “El entorno cloud nos permite hacer frente al reto de adaptarlas de forma ágil al marco legal vigente, asegurando el cumplimiento de los plazos que marcan las diferentes administraciones”, señala Mulero.
Beneficios tangibles
En términos de negocio, un estudio de IDC sobre GreenLake señala para las organizaciones analizadas un ROI del 321% a tres años, un periodo de retorno de 10 meses, un 45% menos de costes operativos a tres años, un 86% menos de tiempo de inactividad no planificado y un 81% más de rapidez en el despliegue de nuevos recursos de cómputo. Más allá de las cifras, el valor más repetido es la capacidad de evolucionar al ritmo que exige el negocio con una experiencia cloud consistente, especialmente en entornos híbridos donde determinadas cargas requieren un equilibrio muy preciso entre rendimiento, control, resiliencia y cumplimiento.
El entorno cloud tiene un gran potencial, pero sus beneficios no son automáticos. Cuando no hay control ni modelo operativo, lo único que suele notarse al principio es la rapidez de despliegue, y eso por sí solo no basta. Así opina Patricia Palud, que señala que “los beneficios más claros aparecen cuando la adopción está bien gobernada. En esos casos, las organizaciones pueden ajustar mejor la capacidad a la demanda, responder con más agilidad a las necesidades del negocio y ganar flexibilidad para evolucionar sin tantos bloqueos estructurales”.
Sobre el terreno, lo tangible aparece cuando se combinan agilidad y control. “Acelerar el time-to-value sin perder gobierno, y convertir capacidad y operaciones en un servicio que escala con la demanda. Eso se traduce en menos sobre aprovisionamiento, menos tiempo dedicado a planificar capacidad y mayor flexibilidad para absorber picos de actividad o poner en marcha nuevas iniciativas con rapidez”, puntualiza Isabel Acedo de HPE.
Alberto Pinedo comenta que hablamos ya de plataformas completas que integran datos, IA, seguridad y productividad, a lo que añade que “el cloud dejará de percibirse como infraestructura para convertirse en un componente estructural de la estrategia empresarial, clave para la competitividad, la innovación y la resiliencia a largo plazo”.
En la misma línea opina Balañá, señalando que “cuando el dato se puede mover y gestionar con políticas coherentes entre on-premise y nube, la organización gana flexibilidad real para crecer, innovar y reaccionar ante cambios del mercado o regulatorios”.
Isabel Acedo afirma que “cuando una organización aborda estrategia, operaciones, DevOps, seguridad, datos, aplicaciones, innovación y personas como capacidades que maduran en paralelo, la nube deja de ser un destino y se convierte en una forma de operar con disciplina, autoservicio, automatización y responsabilidad compartida, lo que sostiene el cambio del negocio. Y ahí, más allá del producto, la diferencia suele estar en el acompañamiento”.
Visión de futuro del cloud
Preguntados sobre la evolución del cloud en los próximos años, existe un consenso generalizado de que los próximos años traerán un cloud más maduro, menos centrado en la migración y mucho más orientado a la gestión inteligente, la soberanía y la libertad de elección. Como resume Patricia Palud, “la conversación ya no girará tanto en torno a quién migra más, sino a quién gestiona mejor”.

Existe consenso en que el modelo híbrido y multicloud se consolidará como estándar. Aitor Jerez prevé que “las empresas combinarán cloud pública, privada, edge e incluso on-premise según el caso”, mientras Jaime Balañá apunta a una evolución hacia un “híbrido inteligente”, donde el foco estará en decidir dónde tiene más sentido ejecutar cada carga manteniendo una experiencia operativa unificada.
Otra gran tendencia transversal es el papel creciente de la inteligencia artificial en la evolución del cloud. Julián Sanz señala que “la IA ya está redefiniendo la gestión de la nube, desde la optimización automática de costes hasta la detección proactiva de anomalías”. En la misma línea, Isabel Acedo anticipa entornos híbridos impulsados por automatización avanzada y AIOps capaces de anticipar incidencias y adaptar la infraestructura de forma dinámica. Para Alberto Pinedo el cloud dejará incluso de percibirse como infraestructura para convertirse en una capa estructural sobre la que desplegar datos, IA, seguridad y productividad.
También emergerá con fuerza la soberanía digital como criterio estratégico. Microsoft, OVHcloud y ReeVo coinciden en que las exigencias regulatorias, junto al contexto geopolítico, acelerarán la demanda de nubes soberanas y proveedores europeos. Por su parte, Davide Altea va un paso más allá al anticipar fenómenos como la cloud repatriation, de manera que muchas empresas llevarán de vuelta cargas de trabajo on-premise o a nubes regionales tras haber experimentado los límites económicos y estratégicos de los hyperscalers globales. En esta línea, la integración entre cloud e IA requerirá de infraestructuras cada vez más cercanas al dato, favoreciendo modelos híbridos y proveedores locales con baja latencia y control total de la cadena.
Las organizaciones están comprendiendo que el cloud no es solo una cuestión tecnológica, sino una elección estratégica sobre quién custodia sus activos digitales. En un contexto geopolítico cada vez más inestable, contar con un proveedor europeo de confianza con infraestructuras físicamente ubicadas en el país, interlocutores accesibles y una hoja de ruta transparente, marca diferencias.
Powered by WPeMatico
