¿Oro transparente? La nueva estrategia de los CIOs para convertir el calor desperdiciado en un activo de alto valor

Con la construcción de cada vez más centros de datos en nuestro país, la pregunta se hace inevitable, ¿qué significa esto para el consumo de un bien tan preciado como es el agua en España?
La realidad es que la reducción del consumo de agua no es solo un reto para los centros de datos, todos los sectores deben evaluar rigurosamente cómo utilizan el agua y, sobre todo, cómo pueden reducir su consumo. Los datacenter se ven frecuentemente implicados en este debate, especialmente en un contexto marcado por la rápida adopción de la inteligencia artificial. Según un estudio, un 93% de los responsables de TI en EMEA plantean incrementar sus inversiones en IA en los próximos 12 meses, por lo que la escala e intensidad de las cargas de trabajo impulsadas por la IA están destinadas a crecer de forma significativa. A medida que las empresas amplían estas cargas de trabajo, se enfrentan a una demanda energética creciente y requisitos de sostenibilidad cada vez más exigentes.
Como decía, las preguntas sobre el consumo de agua son cada vez más frecuentes y urgentes. Existe una solución, y es que con el diseño adecuado, los centros de datos pueden reducir de forma drástica su dependencia del agua y generar valor medioambiental y comunitario… Todo en el mismo proceso. Los CIOs que quieran marcar la diferencia deben centrarse en rediseñar los sistemas en su totalidad, en lugar de focalizarse en minimizar el daño. Esto requiere pasar de hablar de consumo a circularidad, de focalizarse en la presión sobre los recursos a una infraestructura más inteligente, y pasar del calor residual a energía reutilizable.
Circuito cerrado por diseño
En los centros de datos, el uso del agua varía considerablemente en función de la arquitectura de refrigeración. Los sistemas de refrigeración tradicionales normalmente dependen de grandes volúmenes de agua, que se reponen continuamente a medida que ésta se evapora. Es aquí donde entran a escena los sistemas sellados de refrigeración líquida.
La refrigeración líquida de circuito cerrado es, exactamente, eso: cerrada. Tras el llenado inicial, la pérdida de agua en condiciones normales de funcionamiento es insignificante. Estos sistemas están diseñados para recircular continuamente la misma agua dentro de un entorno sellado. Es decir, el agua no se evapora ni se descarga de forma rutinaria. Simplemente circula, absorbiendo el calor directamente de los componentes de alto rendimiento y transfiriéndolo eficientemente fuera del sistema.
En un mundo cada vez más preocupado por la escasez de agua, esta distinción es fundamental. Los sistemas de circuito cerrado evitan competir con las comunidades locales, la agricultura o los ecosistemas por los recursos de agua dulce, porque están concebidos como sistemas de recirculación autónomos.
Refrigeración más inteligente
Claro que, luego hay que hacer frente al tema del consumo de agua, algo a lo que también está dando respuesta la tecnología. La refrigeración líquida captura el calor directamente en la fuente, a nivel del procesador, en lugar de intentar enfriar salas enteras de aire caliente. Este enfoque selectivo mejora drásticamente la eficiencia. Reduce la necesidad de enfriadoras de alto consumo energético y minimiza la dependencia de sistemas de refrigeración evaporativa que consumen agua, lo que puede traducirse en una menor demanda energética y en una menor presión sobre los sistemas hídricos locales.
Las implantaciones en entornos reales ya demuestran las posibilidades de las tecnologías de refrigeración avanzadas. La retransmisión a nivel global de la Fórmula 1 utiliza la tecnología de refrigeración líquida Neptune para dar soporte a cargas de trabajo de computación de alto rendimiento, mejorando al mismo tiempo la eficiencia energética de forma notable. Al capturar el calor directamente en la fuente en lugar de dispersarlo al aire, la refrigeración líquida reduce la demanda de energía de refrigeración a la vez que genera calor a mayor temperatura. Éste es más fácil de reutilizar. En el caso de la F1, este enfoque ha contribuido a impulsar unas operaciones de emisión más sostenibles y escalables, a medida que los volúmenes de datos y los requisitos de rendimiento continúan creciendo.
Es importante resaltar que reducir el consumo de agua no implica sacrificar el rendimiento. De hecho, la refrigeración líquida avanzada puede mejorar el rendimiento al soportar cargas de trabajo de IA y computación de alto rendimiento (HPC) de mayor densidad con mayor eficiencia. Al optimizar la gestión térmica, las empresas pueden incrementar el uso de IA a la vez que reducen la intensidad energética como la hídrica. Además, los mismos sistemas de refrigeración líquida que protegen los recursos de agua dulce abren una segunda oportunidad de sostenibilidad: la reutilización del calor.
Del calor residual a la riqueza energética
Una vez que los centros de datos adoptan sistemas de circuito cerrado y refrigeración inteligente, también pueden comenzar a aprovechar los beneficios de reciclar el calor y emplearlo en beneficio de la comunidad local. Prácticamente toda la electricidad consumida por un centro de datos se convierte en último término en calor. Tradicionalmente, ese calor ha sido tratado como un subproducto que había que eliminar y desechar. Sin embargo, en un modelo de energía circular, el calor residual se convierte en un activo: se captura, redirige y reutiliza para satisfacer otras necesidades. En lugar de simplemente enfriarlo y liberarlo a la atmósfera, las compañías pueden transformar ese calor en un recurso aprovechable para redes de calefacción urbana, edificios comerciales y comunidades residenciales, mediante intercambiadores de calor e integración en sistemas de calefacción de distrito.
En toda Europa, proyectos pioneros ya están demostrando que es posible. Iniciativas de calefacción de distrito en Irlanda y Escandinavia han aprovechado el calor residual de los centros de datos para calentar hogares y empresas, y grandes proyectos en Suecia tienen como objetivo suministrar calefacción directamente a viviendas residenciales. Para las comunidades, las implicaciones son significativas. El calor reutilizado puede reducir la dependencia de los combustibles fósiles, disminuir los costes energéticos municipales y reforzar la resiliencia energética local. Lo que antes era un residuo se convierte en riqueza.
La regulación eleva el listón
El panorama regulatorio europeo reconoce cada vez más la reutilización del calor residual como un imperativo de sostenibilidad y para los CIOs, el calor residual es una palanca estratégica para el rendimiento ESG, la eficiencia en costes y el valor organizacional más amplio. También puede reducir las emisiones de Alcance 2 y preparar las inversiones en infraestructura para el futuro.
Según un estudio de Lenovo, el 92 % de los responsables de la toma de decisiones en TI prioriza a los socios tecnológicos que reducen el uso de energía y la huella de carbono; sin embargo, solo el 46 % considera que el diseño actual de su centro de datos respalda los objetivos de sostenibilidad. La reutilización del calor ofrece una vía tangible para salvar esa brecha, mejorando los indicadores de rendimiento energético más allá de las métricas tradicionales como la Efectividad del Uso de la Energía (PUE) y contribuyendo directamente a las necesidades de la comunidad.
La integración satisfactoria del calor residual en los sistemas municipales depende de la conversión tecnológica, la planificación colaborativa, el diseño del sistema y la supervisión digital. Cuando estos elementos se alinean, la sostenibilidad teórica se convierte en realidad operativa.
A medida que la IA transforma los sectores productivos, la infraestructura digital seguirá expandiéndose. La pregunta no es si los centros de datos crecerán, sino cómo lo harán. Los CIOs deben tomar nota y poner en marcha los sistemas adecuados para convertir el calor residual en riqueza energética.
Alexandre Bento, Infrastructure General Manager en Lenovo Iberia
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