Isabel Fernández, directora de Tecnologías Exponenciales de Babel: «La IA es el acelerador transversal de toda nuestra propuesta»
La Inteligencia Artificial se ha convertido en el eje vertebrador de la estrategia tecnológica de Babel. Esta multinacional tecnológica está especializada en soluciones de aceleración y transformación digital y la IA se ha convertido en un acelerador transversal que impulsa innovación, eficiencia y crecimiento. Isabel Fernández, directora de Tecnologías Exponenciales de Babel, explica en esta entrevista cómo la compañía integra la IA en todas sus soluciones, desde el desarrollo de software hasta la hiperautomatización y el gobierno del dato. Se trata de una apuesta integral en la que se combina tecnología, negocio y regulación.
Entrevista con Isabel Fernández, directora de Tecnologías Exponenciales de Babel
¿Qué papel juega la Inteligencia Artificial dentro de la hoja de ruta y cómo encaja en la visión global del grupo?
Para nosotros, la Inteligencia Artificial no es una línea más de la hoja de ruta, es el acelerador transversal de toda nuestra propuesta de valor. Los datos son el activo que habilita la IA, y la IA es el motor que transforma esos datos en impacto directo sobre la cuenta de resultados de nuestros clientes.
La visión de Babel se apoya en tres grandes capas. En primer lugar, datos bien gobernados y disponibles, ya que sin dato fiable no hay una IA útil. Por eso invertimos de forma decidida en arquitecturas de datos, calidad y gobierno, con el objetivo de que los modelos no solo funcionen a nivel técnico, sino que sean verdaderamente explotables por el negocio.
En segundo lugar, la integración de la IA en soluciones y procesos, desde el desarrollo de software hasta los canales digitales o los entornos internos y de front-office. No como un añadido, sino como parte del diseño desde el origen.
Por último, una visión integral que conecte datos, ciberseguridad, IA e hiperautomatización. La IA tiene sentido cuando se diseña de forma integral y responsable, alineada con negocio, tecnología y regulación. La visión global del grupo Babel pasa por acompañar a los clientes en ese equilibrio: innovación, eficiencia y cumplimiento.
En la visión global, la IA se integra como un lenguaje común entre áreas que antes trabajaban con lógicas diferentes, y eso nos prepara mejor para el camino hacia 2029. Siempre manteniendo que la responsabilidad última sigue en manos de las personas, que son quienes interpretan, validan y deciden.
¿Cómo está transformando la IA la forma en que Babel innova y desarrolla soluciones para sus clientes?
La transformación se percibe claramente desde dos ángulos: cómo construimos y qué construimos. En el cómo, la IA ya forma parte de todo el ciclo de desarrollo. Se utiliza para analizar requisitos, diseñar arquitecturas, generar código de forma asistida, realizar pruebas y crear documentación. También permite identificar vulnerabilidades y malas prácticas en edades tempranas. En este sentido, el impacto es muy concreto: más rapidez, mayor calidad y menos esfuerzo de corrección posterior. Es decir, menos coste y más fiabilidad para el cliente.
En el qué, la IA nos abre la puerta para crear soluciones mucho más inteligentes y flexibles, como la personalización dinámica de ofertas y contenidos según el contexto y el comportamiento; sistemas que aprenden del uso y ajustan reglas sin rediseños complejos; y modelos que apoyan la toma de decisiones en ámbitos como precios, planificación, fraude o mantenimiento. La pregunta que nos hacemos ante cada nueva solución digital es ¿qué parte puede ser más eficiente, más inteligente o más personalizada mediante IA, sin aumentar la complejidad para el usuario final?
¿Qué iniciativas está impulsando Babel para acelerar la adopción interna de la IA entre sus equipos?
En Babel actuamos desde dos frentes; un modelo de uso claro y una cultura de aprendizaje continuo. Por un lado, aplicamos el enfoque Human-in-the-Loop, donde las personas supervisan sistemas automatizados para garantizar decisiones alineadas con el contexto y los objetivos.
En paralelo, hemos activado más de un centenar de casos de uso internos: autoservicio documental, revisión asistida, generación de entregables estandarizados o agentes que apoyan la gestión de proyectos. Todos tienen algo en común: reducen tareas repetitivas y devuelven tiempo al análisis y la creatividad.
Además, hemos creado espacios de práctica y experimentación segura que permiten a los equipos adoptar la IA con naturalidad y perder el miedo inicial, encontrando usos reales adaptados a su día a día.
¿Cómo se están preparando los profesionales de Babel para trabajar junto a sistemas de IA y aprovechar su potencial?
Estamos viendo en primera fila, como se está produciendo una transición del asistente al agente, y eso exige nuevas competencias. Es desde esta filosofía que estamos promoviendo la formación en el uso efectivo de agentes, poniendo el foco en comprender sus límites, sus sesgos y la manera de especializarlos para que colaboren y automaticen tareas.
En paralelo, estamos desarrollando perfiles híbridos capaces de traducir objetivos de negocio en casos de uso concretos, entender el ciclo del dato y dialogar con distintas disciplinas. Todo ello apoyado en una cultura Human-in-the-Loop que también tiene como reto definir cuándo confiar, cuándo validar y cuándo corregir,
Estas capacidades, las estamos reforzando mediante modelos de formación continua, reskilling y upskilling. En definitiva, la IA no sustituye a la persona, la complementa. Y cuanto más se utiliza, más clara es la frontera entre lo que automatiza, lo que necesita supervisión y lo que debemos corregir.
¿Cuáles son las principales líneas de trabajo y cómo se están priorizando los casos de uso más relevantes?
En primer lugar, la eficiencia operativa y calidad. La aplicamos especialmente a la optimización de procesos, donde la automatización cobra todo el protagonismo, con un foco muy marcado en el ciclo de vida del software para hacerlo más eficiente y robusto. Cobra mayor importancia en los procesos, por ejemplo, de migración de sistemas legacy.
Otro eje fundamental es el uso de la IA para personalización y mejora de la experiencia de cliente. Hablamos de una personalización avanzada de la interacción entre la marca y el cliente, de ofertas adaptadas y geolocalizadas, y de experiencias dinámicas en los canales digitales.
La IA también juega un papel clave en los procesos de decisión y planificación. Modelos de predicción de demanda, precios, riesgos o fraude, que quizá puedan sonar menos “modernos”, siguen evolucionando gracias a nuevas capacidades metodológicas que mejoran significativamente su precisión y generan un impacto muy positivo en la cuenta de resultados de las organizaciones.
A todo ello se suma un foco creciente en hipercompliance y en el gobierno del dato y de la propia IA. Desarrollamos metodologías y soluciones que permiten integrar de forma práctica una regulación cada vez más compleja y cambiante, como GDPR, DORA, el EU AI Act u otras normativas. El esfuerzo está en reducir la complejidad de la gestión regulatoria, dar visibilidad a las áreas de cumplimiento sobre las acciones a tomar y evitar que la normativa se convierta en un freno para el desarrollo del negocio, transformándola, en cambio, en una auténtica ventaja competitiva.
Por último, abordamos la IA desde una perspectiva de sostenibilidad, apostando por arquitecturas y algoritmos eficientes. Una de las limitaciones en el desarrollo a escala de la IA ya no es el dato sino el consumo voraz de recursos. Desde energía eléctrica hasta tokens en el caso de modelos LLM. En este contexto, para priorizar nuestros casos de uso utilizamos una matriz que considera impacto en negocio (ingresos, costes, riesgos), viabilidad técnica y de datos, complejidad regulatoria y tiempo de puesta en producción.
¿Qué principios o mecanismos está aplicando Babel para garantizar un uso responsable y transparente de la IA?
El primer principio es incorporar el cumplimiento desde el diseño. El hypercompliance no se añade al final, se integra desde el inicio, dando lugar a modelos explicables, auditables y con trazabilidad completa.
El segundo pilar es un gobierno sólido del dato y de la IA, con roles claros, procesos definidos, evaluaciones de impacto, un catálogo de casos de uso y revisiones periódicas.
A esto se suma un tercer elemento clave basado en la ética, la formación y una cultura Human-in-the-Loop viva. La responsabilidad no recae únicamente en la oficina de gobierno. Cada profesional es un agente activo en el uso responsable de la IA, y la sensibilización continua es esencial para evitar riesgos no detectados o usos incorrectos.
¿Qué barreras detecta Babel en la adopción de IA y cómo pueden superarse?
Existen tres barreras que aparecen de forma recurrente. La primera es la fragmentación del ciclo de vida del dato y la falta de gobierno, que es lo que impide escalar la IA de forma fiable. La solución pasa por arquitecturas de datos robustas, catálogos, calidad y gobierno.
La segunda barrera es el miedo al cambio y a la falta de formación. Todavía persisten dudas sobre la sustitución de personas, o sobre el uso correcto de la tecnología, que se resuelven con formación práctica y adopción progresiva basada en agentes.
La tercera es la complejidad regulatoria, que puede ralentizar la adopción si no se aborda con enfoques estructurados capaces de convertir el cumplimiento en una palanca de confianza y eficiencia.
¿Cómo está impactando la IA a la forma en que Babel diseña, entrega y mantiene sus servicios tecnológicos?
Lo IA lo ha cambiado todo. Su impacto es transversal a todo el ciclo. En la fase de diseño, ya adoptamos una visión IA-first que identifica desde el inicio qué procesos o decisiones pueden potenciarse, integrando además hiperautomatización y ciberseguridad.
En la entrega, la IA acelera el desarrollo, las pruebas, la documentación y el despliegue, y facilita la gestión del conocimiento generado y el onboarding.
En el mantenimiento y la evolución, se avanza hacia modelos asistidos por agentes y hubs de conocimiento, siempre integrados con un enfoque de ciberseguridad 360º.
¿Qué diferencia la estrategia de IA de Babel de la de otras compañías tecnológicas?
La diferencia no está en tener IA, sino en cómo se integra y en qué lugar ocupa dentro de la propuesta. En Babel, la IA no se plantea como algo excepcional, ni como un tipo concreto de proyecto, sino como una capa presente en todas las soluciones. No existen iniciativas “con IA” y otras “sin IA”, sino que la IA está embebida de forma natural en todo lo que se diseña y se construye.
A partir de ahí, el enfoque es claramente integral. Se combinan dato, automatización, ciberseguridad e Inteligencia Artificial para crear soluciones completas, pensadas para funcionar en entornos reales y sostenerse en el tiempo. Esa visión se refuerza con una forma muy concreta de entender la regulación. El hypercompliance no se vive como un freno, sino como una oportunidad para generar confianza, eficiencia y reputación, integrando el cumplimiento desde el diseño y no como una capa posterior.
Por último, nuestra cultura ‘Makers’. Todo esto solo tiene sentido si se traduce en impacto. Por eso, nuestra cultura corporativa está claramente orientada a la ejecución. La IA no se queda en pruebas de concepto ni en discursos estratégicos, se lleva a producción, a escala y con foco en resultados reales. Esa combinación entre visión, rigor y capacidad de hacer es lo que marca la diferencia.
¿Cómo imagina que evolucionará el papel de la Inteligencia Artificial dentro de Babel de aquí a 2029?
De cara a 2029, visualizamos procesos internos que estarán apoyados en agentes autónomos que colaborarán con las personas, coordinando tareas, conectando sistemas y anticipando problemas. Al mismo tiempo, los servicios al cliente se diseñarán desde su origen con una IA responsable, sostenible y alineada con las mejores prácticas regulatorias.
Además, la inteligencia artificial será parte intrínseca de nuestra identidad, impregnando la manera en que diseñamos soluciones, nos organizamos y acompañamos a nuestros clientes. Antes de 2029 la IA será lo que hoy es la tecnología: algo tan natural e imprescindible que dejará de necesitar apellido, pero estará presente en todo lo que hacemos.
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